¿Sigues discerniendo? ¡Haz algo!

Querido principiante,

Hace un par de años, en una conferencia católica, conocí a un hombre no tan joven que me dijo que estaba discerniendo su vocación a la vida religiosa. Y, si recuerdo bien, había estado pensando en entrar en un determinado monasterio durante los últimos... ¡diez años!... Sin embargo... no estaba MUY seguro y tal vez debería casarse... pero ni siquiera tenía novia. Y me dio la impresión de que estuvo tambaleándose así durante los últimos diez años. Después de escucharle un rato y animarle a discernir activamente, nos separamos y tuvo muy claro lo que tenía que hacer, muy sencillo: ALGO.

Siendo principiante, quizás no sepas que hay personas que van y vienen constantemente sobre servir a Dios o no. Tengo la sensación de que es muy común, y sé que incluso entre las personas que sí responden a su vocación al sacerdocio o a la vida religiosa, esto suele ser años después de la primera vez que sintieron la llamada del Señor. Claro, cada persona tiene su razonamiento, cada persona tiene su excusa, pero es bastante triste si se piensa a quién se lo están negando. Aquí solo voy a mencionar una excusa, una común, y que, tal vez, la gente ni siquiera se da cuenta de que esa es su razón: el miedo.

En mi caso, el momento culminante de la lucha contra mi vocación fue durante una homilía. El P. Rafael, nuestro fundador, estaba hablando muy claramente y, una vez más, sus palabras fueron como flechas a mi corazón y a mi conciencia. En mi mente repasaba mi lista de excusas: primero tengo que terminar la escuela, mi padre está enfermo, no quiero dejar mi país, no quiero hablar español el resto de mi vida, no podré hacer deporte, quiero casarme, yo, yo, yo... Como no entendía el español, una de las hermanas me estaba traduciendo, y estaba a punto de pedirle que parara, cuando, de repente, el P. Rafael gritó: «¡NO TENGAS MIEDO!». En ese momento, fue como si alguien dijera: "Si sacas la cabeza del agua, podrás respirar". ¡Claro! ¿Por qué no lo vi antes? Lo que estaba experimentando era miedo, ¡y el Señor dijo que no tuviera miedo! Y si Él me llamaba, entonces podía confiar en Él.

Lo mismo ocurre contigo. Seguramente tus razones difieren de las mías, e incluso podrían ser más "válidas" (si quieres usar esa palabra) también. Cada persona tiene sus responsabilidades... y deseos, pero no podemos olvidar que Dios tiene un plan para cada persona, y es un plan pensado específicamente para esa persona, para su santificación. Él te dio ciertos dones, teniendo en cuenta a todas las personas que quiere ayudar a través de ti, y cuánta gloria quiere recibir de ti. Comprendí que si estaba llamada a dejar a mi familia y seguir el plan de Dios para mí en otro continente, entonces también era el plan de Dios para mi familia que yo no estuviera con ellos. Si realmente quería amar a Dios por encima de todo, entonces tendría que dar el salto de fe para vivir eso y hacer su voluntad. Me costó responder, y no puedo decir que lo hiciera saltando y diciendo "¡Fiat!". Sino más bien un reticente "Vale…". Pero eso fue todo lo que Él necesitó para entrar y mostrarme la belleza de seguirle radicalmente, ¡y doy gracias a Dios por la gracia de responder! Él da esa gracia: pídela, y pon tu parte, no te arrepentirás. El que te creó sabe cómo vas a ser más feliz; el que te ama, lo quiere; y el que te llama, te muestra cómo.

Muy bien, dirás, ¿y qué esperas que haga? Ya lo sabes.

1. Siendo firme en tu compromiso con la oración diaria y recibiendo los sacramentos frecuentemente.

2. Coge el móvil, marca el número y habla con la persona que sabes que tienes que hablar. Pregunta si puedes visitarla.

3. No te escabullas. Mantén tu palabra.

4. Haz lo que pone en el punto 2 ahora mismo.

La Hna. Clare, unos meses antes de su muerte, escribió: «¡Soy feliz, feliz, feliz! Aunque hay días en que las cosas son difíciles. Vale la pena entregar la vida a Dios, que es tan grande. Esto es lo que mi corazón siempre ha deseado, y es la razón por la que ningún amor, plan o cosa humana ha podido llenarlo».

Espero lo mismo para ti.