El día de San Valentín que cambió mi vida

Querido principiante:

Fue una tarde de un día de San Valentín, hace muchos años, cuando hice algo cursi que marcó mi vida para siempre. Al día siguiente, mi mejor amiga se iba a España para ser monja, así que el día anterior tuvimos una larga conversación por teléfono que me llevó a tomar grandes decisiones. 

Viendo lo que ella estaba haciendo, le confié que había sentido una inclinación hacia la vida religiosa antes y que estaba volviendo, a pesar de mis intentos por reprimirla. Ella me dijo: «Mira Michelle, estás ya en el tercer año de universidad, es hora de que empieces a pensar lo que estás haciendo con tu vida. Y si piensas que el Señor te está llamando, lo menos que puedes hacer es darle tiempo para que te lo clarifique».

Esa noche lo hice oficial y empecé a discernir en serio la vida religiosa, es decir, a vivir de tal modo que el Señor pudiera revelarme lo que quería de mí. Lo hice involuntariamente, pero usando mi voluntad para hacerlo.

Y digo usando mi voluntad porque mis sentimientos no entraban en juego. Sin embargo, lo que experimenté en la oración me mostró que el Señor me estaba llamando a la vida religiosa, y entonces, quisiera reconocerlo o no, tenía que decidir si lo reconocía o no. ¿Tiene sentido? En mi caso, el «querer» la vocación religiosa no vino hasta después. No obstante, el Señor me dejó claro de otras maneras que me estaba llamando.

¿Piensas que puede estar haciéndolo contigo? ¿Alguna vez te has parado a pensar qué es lo que Él quiere para ti, lo que quiere de ti? Párate y pregunta. Y no solo por un segundo. Haz el compromiso de preguntarle en serio, en la oración, lo que quiere de ti. Tómatelo en serio, sabiendo que lo que Él quiere te va a hacer más feliz, y es la forma más fácil para llegar al Cielo y llevar la mayor cantidad de almas contigo. 

En mi caso, el argumento de mi amiga fue suficiente para convencerme. Quizás estés leyendo esto y estés pensando: «Bueno, yo soy mucho más viejo, y mírame!» Ok, es cuestión de tiempo. Deja tus planes a un lado y pregúntale a Dios cuáles son los suyos.