Llagas de Cristo

Querido principiante,
Te dejo unas reflexiones para el final de cuaresma.

ORACIÓN

“La contemplación de Mis dolorosas llagas te será de gran beneficio y me causa gran alegría”, dijo Jesús a Santa Faustina. Esta semana reza tu oración ante un crucifijo y medita cada una de las cinco llagas de Cristo. Mira la manera en la que, tal y como vimos anteriormente, Jesús desagravia nuestras culpas con cada una de sus heridas. Está clavado en la cruz por amor pero también porque nuestros pecados lo han llevado hasta ahí. Mira por ejemplo la corona de espinas. Pídele perdón al Señor por tus pensamientos pecaminosos. Por las veces que juzgaste a otros, hiciste memoria de cosas que no te ayudan, pasaste demasiado tiempo soñando de tu futuro, consentiste pensamientos impuros, te quejaste para tus adentros sin intención de parar… Mira cómo las espinas se le van clavando en el cráneo, perforando la piel, arañándole los ojos. La sangre goteando, empapando el cabello, corriéndole por las sienes y entrando en los ojos, secándose mientras sigue brotando.
¿Es esto masoquista? ¿Es muy molesto pensar en esto? Si amaras a alguien y sufrieras mucho por esa persona, ¿no querrías hacerle saber el alcance de tu amor? No es masoquismo porque la historia no termina ahí. Contemplando a Jesús  así, dile lo mucho que te arrepientes, pídele que te cubra con Su sangre y pregúntale: ¿por qué has hecho esto? Y luego en silencio, deja que te mire y escucha.

AYUNO

El Venerable Matt Talbot (1856-1925), nació en Dublín, Irlanda, como el menor de doce hermanos. Hijo de un alcohólico, todos los hermanos, excepto el mayor, también se dieron a la bebida. Cuando Matt tenía doce años empezó a trabajar como chico de recados y más tarde ayudando a albañiles. Con tan solo 13 años se puede considerar que ya era alcohólico. Durante los siguientes años todo su dinero iba destinado al alcohol. Pedía dinero prestado, vendía sus pertenencias y hasta sus botas sólo para conseguir dinero para beber.
Un día cuando, teniendo 28 años, estaba esperando a la puerta de un bar esperando que uno de sus “amigos” le dirigiera la palabra. Después de verlos entrar sin siquiera mirarle, se fue a casa abatido pero decidido a dejar la bebida anunciándole a su madre que iba a “hacer la promesa” (abstenerse de beber). Después de renovar la promesa un par de veces, la hizo de por vida. Aunque le resultaba extremadamente difícil, se dio cuenta muy pronto de que le sería imposible sin la ayuda de los sacramentos. Se confesó y recibió la comunión y empezó a ir a misa a diario. Empezó a llevar cuerdas que le picaban y cadenas atadas alrededor de cintura y brazos tanto como penitencia por sus pecados como para simbolizar dedicación y servicio a Nuestra Señora. Devolvió todo el dinero prestado y empezó a llevar una vida ejemplar. Leía la vida de los santos, se mortificaba, hacía el Viacrucis y sentía un gran amor por la Virgen. Siguiendo el ejemplo de los santos irlandeses, hacía penitencia levantándose a las tres de la madrugada para rezar. Donaba dinero a la Iglesia y a comunidades religiosas, viviendo una vida austera como desagravio de los pecados de su vida pasada. De camino a misa un domingo de la Santísima Trinidad, con 69 años, murió repentinamente.
Una cita suya dice lo siguiente: “hay tres cosas de las que no puedo escapar: la mirada de Dios, la voz de la conciencia y el acecho de la muerte. Cuando estés en compañía, cuida tu lengua. En familia, cuida tu genio. Cuando estés solo, cuida tus pensamientos”. Tres cosas en las que trabajar esta semana: lengua, genio y pensamientos.

LIMOSNA

Mira la vida de Matt Talbot, como empezó a vivirla, ya no centrada alrededor del siguiente trago sino en Dios y nuestra Santa Madre. Expió los pecados del pasado con limosnas y ayudando a su prójimo, entendiendo que su tesoro no está en este mundo sino en el cielo. ¿Por qué no le das algo de tu dinero a la Iglesia? Y de una manera que nadie más se entere.

En Cristo,
Otro principiante, pero con muy buenos maestros.