Elige tu armadura

Querido principiante:
Hoy te traigo una nueva reflexión para ayudarte a vivir bien el tiempo de cuaresma.

ORACIÓN

Hace algunos años, nuestro fundador, el Padre Rafael, nos dio un consejo para la oración durante el tiempo de cuaresma. Era el siguiente: elegir alguna de las estaciones del viacrucis y meditarla lentamente. Con “lentamente” me refiero a tenerla rondando por la cabeza durante unos días. Elige, por ejemplo, cuando Simón el Cirineo ayuda a Jesús a cargar con la cruz. Ponte en el lugar de cada una de las personas allí presentes: Simón, Jesús, su Madre, los soldados, los judíos, la gente. Mira cómo cargan la cruz sobre las espaldas de Simón, aunque este lo rechazara. Imagínate a los dos cayendo bajo el peso de la cruz y cómo sería la mirada de Jesús hacia Simón. Jesús sabe exactamente lo que está pensando y lo que hay en su corazón y lo mira con amor, gratitud y misericordia.
¿Cómo respondió Simón? Cuando Jesús te pide que tomes tu cruz y la cargues con Él, ¿cómo respondes tú?

AYUNO

San Pedro de Alcántara fue un reformador franciscano que vivió a principios del siglo XVI, en la misma época que Santa Teresa de Ávila. Solía aconsejar y dirigir a la santa, y es un ejemplo de penitencia para todos.

Lo que quería era permanecer unido al Señor en la oración, para lo cual siempre tenía la mirada baja. Una vez, después de verlo pasear por la playa, uno de sus hermanos comentó lo bonito que estaba el mar. ¡San Pedro no se había dado cuenta!

Le gustaba mucho meditar la Pasión y colocaba cruces en todos los sitios que visitaba (siempre viajando a pie). Con frecuencia invocaba a María como Madre del Redentor, pidiéndole que le enseñara a entender la Pasión correctamente.

San Pedro ayunaba comiendo una vez cada tres días. La penitencia más dura que hizo, según lo que le confió a Santa Teresa, fue dormir sentado sobre el suelo de piedra de su celda de algo más de un metro de largo, con una tabla de madera por almohada y durante sólo una hora y media todas las noches. Cuando tenía frío en los duros inviernos, abría puerta y la ventana para hacer corriente, y así, al cerrarlas, parecía que hacía menos frío.

¿Por qué hacía todas estas penitencias? No lo hacía ni para llamar la atención ni por una visión macabra de la vida, sino para unirse al sufrimiento de Cristo, ofreciendo un desagravio por sus pecados y suplicando por la conversión de las almas.

Y tú, ¿qué haces tú? Si no haces nada, ¿podrías, al menos, después de haber dormido ocho horas calentito en tu cama, levantarte inmediatamente al sonar del despertador?

LIMOSNA

San Francisco de Asís era el hijo de un rico mercader de sedas. Durante su mocedad, tenía todo lo que necesitaba y a menudo ostentaba su riqueza con elegantes ropajes. Vivía para festejar y pasarlo bien con sus amigos, sin preocuparse por el futuro ni por los negocios de su padre. Fue a la guerra y cayó prisionero. Durante el cautiverio, tuvo tiempo de reflexionar sobre su vida y al ser liberado a causa de una enfermedad, volvió a casa con el propósito de cambiar. Se compró una bonita armadura y volvió a la guerra. De camino se cruzó con un soldado pobre que no tenía suficiente dinero para comprarse una armadura. Sintiendo compasión por él, le dio la suya al pobre hombre. Esa noche soñó que el Señor le daba una armadura espiritual para compensarle por la que había regalado. Su armadura espiritual le haría falta para combatir a los enemigos del alma.

Francisco enfermó de nuevo y volvió a Asís. Fue entonces cuando su vida dio un giro completo.

Si el Señor le mostró a San Francisco la recompensa que recibió por regalar algo, ¿no crees que  te está concediendo gracias a ti también por tus buenas obras? Decide ahora el tipo de armadura que prefieres.

En Cristo,
otro principiante, pero con muy buenos maestros.