Prepárate para la cruz

Querido principiante:
Aquí te dejo algo para que pienses durante esta semana.

ORACIÓN

En la segunda carta de San Pablo a Timoteo se lee: “Soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios” (2 Tim. 1, 8). Esto nos recuerda al Señor diciéndonos que cojamos nuestra cruz y le sigamos, y vemos el ejemplo en San Pablo. Al formar parte del cuerpo místico de Cristo, todos tenemos una parte de alegrías y otra de sufrimientos; que no son otra cosa, sino aquello por lo que el Señor permite que pasemos para tener parte en el sacrificio de Cristo.

Fíjate en que San Pablo añade “por el Evangelio”. Asegúrate de que estas dificultades sean de verdad sufridas por Cristo y que no sea por culpa tuya. Ten en cuenta que Dios siempre te da la fuerza. No hay nada que Dios permita que sea demasiado difícil para ti, porque Él siempre te da la gracia para vivirlo. Aprovecha todas sus gracias y no las desperdicies por no recibirlas o pedirlas.

AYUNO

En 1247, en un pequeño pueblo de Italia, nació la pequeña Margarita. Su madre le enseñaba a rezar y a ser una niña piadosa, pero murió cuando ella tenía 7 años, y su padre se volvió a casar, por lo que Margaret empezó a buscar amor en otros sitios. A la edad de 16 años, conoció a un hombre rico y se fue a vivir con él creyendo en sus promesas de matrimonio y de una vida feliz llena de lujos y riquezas. Un día que ella estaba en un barco, hubo un accidente y casi se cae por la borda. La rescataron a tiempo, pero ella lo percibió como un signo de Dios que la llamaba a volver a Él. Pese a esto, no cambió. Siguió con este hombre durante 9 años más y tuvieron un hijo juntos.

Un día en que él estaba de caza, su mejor perro volvió a casa. Margarita salió para esperar al dueño, pero el perro solo tiraba de su vestido como queriendo guiarla hacia algún sitio. Siguió al perro, que le llevó hasta el cadáver de su amante. Ella cogió a su hijo y volvió a casa, pero se encontró con que su suegra no le dejó entrar. Finalmente encontró un sitio para vivir junto con otras piadosas mujeres y dedicó el resto de su vida a hacer penitencia por sus pecados pasados. Todavía tuvo que luchar mucho contra las tentaciones de impureza, pero encontró fuerza en la oración y en la penitencia. Una de las cosas que hizo fue volver a la ciudad donde había vivido con el padre de su hijo y pidió perdón por su pasada vida de escándalo. Hizo ayuno, se abstuvo de carne y vivió a base de pan y verduras.

Cuando su hijo creció, se hizo fraile de la orden terciaria de los franciscanos y abrió un hospital para los pobres y enfermos. A ella, el Señor le regaló numerosas experiencias místicas. Un día le dijo: “¿Qué deseas, mi pequeña pecadora?”. A lo que ella respondió,: “No busco ni deseo nada salvo tú, Jesús.” Años después, lamentando todavía su pasada vida de pecado, el Señor le dijo: “Hija mía”, y unos días después: “Esposa mía”. Sus tres amores: la Eucaristía, la cruz y la Virgen María. Ahora la conocemos como Santa Margarita de Cortona.
Esta semana, ofrece algún tipo de penitencia siendo consciente de que lo haces como reparación por tus pecados.

LIMOSNA

Lleva a la oración este consejo de San Pablo: “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; el que siembra con largueza, con largueza cosechará. Cada uno haga según se ha propuesto en su corazón, no de mala gana ni obligado, que Dios ama al que da con alegría” (2 Cor. 9, 6-7).

¡Feliz cuaresma!
Otro principiante, pero con muy buenos maestros.