12ª regla de discernimiento

Querido principiante:

Si eres mujer, no te ofendas cuando escuches la siguiente regla. De todas formas, creo que lo entenderás, porque lo has visto tanto en ti misma como en otras…

San Ignacio, en la duodécima regla, compara al enemigo con una mujer. Aquel que es “flaco por fuerza y fuerte por grado”.

Imagina que un hombre y una mujer están discutiendo sobre un tema. En cuanto el hombre se enfrenta a la mujer con firmeza, ella se da cuenta de que por ese camino no va a llegar a ningún sitio, por lo que se rinde y deja la discusión. Aunque enfadada, lo deja.

Por el contrario, “si el varón comienza a huir perdiendo ánimo, la ira, venganza y ferocidad de la mujer es muy crecida y sin mesura”. En este momento, la mujer se convierte en la más fuerte y feroz criatura sobre la faz de la tierra. Hay algo en la vulnerabilidad del hombre que aumenta la ira de la mujer.

El demonio es semejante. “Es propio del enemigo enflaquecerse y perder ánimo, dando huida sus tentaciones, cuando la persona que se ejercita en las cosas espirituales pone mucho rostro contra las tentaciones del enemigo”. Y te preguntarás, ¿cómo “pongo mucho rostro” contra sus tentaciones? Haciendo lo DIAMETRALMENTE OPUESTO a lo que la tentación te sugiere. Si te tienta a ir hacia la derecha, ve a la izquierda. Si la tentación te lleva a criticar a alguien, habla bien de él. Si, por el contrario, el diablo te tienta a quedarte en la cama y no ir a misa, da un salto de la cama y corre a la iglesia. Él odia a la gente alegre, por lo que, si te tienta a sentir lástima de ti mismo y a caer en depresión, sonríe y sé alegre. Sé valiente e invoca al enemigo del diablo: a Jesucristo.

La regla sigue así: Si la persona que se está ejercitando en la vida spiritual -o, al menos, tiene la intención de hacerlo-, “comienza a tener temor y perder ánimo en sufrir las tentaciones” Bueno, te puedes imaginar lo que viene ahora. San Ignacio dice: “no hay bestia tan fiera sobre la haz de la tierra como el enemigo de natura humana en prosecución de su dañada intención con tan crecida malicia”.

Cuando ve tu debilidad, piensa que puede conseguir lo que quiera, y eso es lo que intentará hacer. Una vez que veas tu debilidad, lánzate al corazón de Jesús y pídele ayuda. Y el acto de orgullo que el demonio te estaba llevando a hacer se verá frustrado por este acto de humildad.

Te voy a dejar con un párrafo del libro “Un llamamiento al amor”, escrito por Sor Josefa Menéndez, una religiosa española que vivió en Francia a principios del siglo XIX, que tenía revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús. Además del Señor, se le presentó también el demonio y le dijo:
“¡Ah! -rugió blasfemando- cuando quiero sujetar fuerte un alma, lo único que tengo que hacer es incitar su orgullo… y si quiero llevarla a la ruina, solo tengo que conducirla por su instinto orgulloso... El orgullo es la fuente de mis victorias y no descansaré hasta que el mundo esté lleno de él. Yo fui condenado por el orgullo, y no dejaré que las almas se salven por la humildad”. “No hay duda -gritó con furia-: las almas que alcanzan el mayor grado de santidad son las que se han hundido más profundamente en la humildad”.

Querido principiante, cuando dudes, humíllate a ti mismo y haz lo diametralmente opuesto a lo que te sugiere la tentación. Muchas veces la tentación es: “No se lo digas a tu director espiritual”. Dejo que averigües por ti mismo lo que deberías hacer en este caso.

En la lucha,
otro principiante, pero con muy buenos maestros.