8ª regla de discernimiento

Querido principiante:

Como durante la desolación nesitamos más una guía de cómo actuar que cuando nos encontramos en consolación, S. Ignacio de Loyola nos ha dejado unas cuantas reglas más sobre este tema. La regla octava enfatiza la importancia de la paciencia. Dice: “El que está en desolación, trabaje de estar en paciencia, que es contraria a las vejaciones que le vienen, y piense que será presto consolado, poniendo las diligencias contra la tal desolación, como está dicho en la sexta regla”.

Esto quiere decir que, aparte de la lucha que estás manteniendo por perseverar, también necesitas practicar la paciencia. Hay personas que poseen una gran capacidad para sufrir; otros no, y Dios lo sabe. Pero lo que tienes que hacer aquí es asumir ese estado, como si fuera normal estar en desolación, aceptarlo y ofrecérselo al Señor. Piensa en la vecina que siempre está quejándose del jaleo que hacen los niños. Nadie quiere visitarla porque solo habla de su salud, de las cosas que le molestan, etc. Asúmelo, pero, al mismo tiempo, confía en que no va a ser siempre así.

Trabájate en la paciencia, que es contraria a la insistencia del demonio: “Olvídalo, no merece la pena, no estás siendo tú mismo, eres feo, tu alma es fea…”. Él odia a las personas y le encanta quitarnos la alegría. Más aún, él se nos mete mucho a través de nuestros sentimientos y emociones. No olvides lo que dice Annie: "El sol saldrá mañana… tarde o temprano. La paciencia requiere esfuerzo".

Esta es otra táctica que Satanás utiliza cuando él percibe que una persona está dando pasos hacia Dios. No le prestes ninguna atención, es como un niño pequeño, que no dejará de llorar hasta que se salga con la suya. Enciérralo en su cuarto, vete al otro extremo de la casa y sube la música. Actúa así en ese caso.

No olvides que el sí de Dios es para siempre; Él es siempre fiel. Reza más, haz alguna clase de penitencia, obras de caridad hacia los demás, haz bien el exámen de coniciencia, muere a ti mismo. No estés sentado ahí gimiendo y quejándote todo el día, no merece la pena. Intenta dar un poco más y verás.

En la Eucaristía,
otro principiante, pero con muy buenos maestros.