5ª regla de discernimiento


Querido principiante,

No pienses que las reglas terminan con la cuarta, que habla de las desolaciones espirituales. En la quinta regla, San Ignacio explica qué es lo que tienes que hacer cuando viene la desolación. Piensa en ello, ¿deberías ceder o luchar? ¡Eso es, luchar! Y aquí está el primer paso: "En tiempo de desolación, nunca hacer mudanza: sé firme y constante en los propósitos y determinaciones en que estabas el día anterior a tal desolación, o en la determinación en que estabas en la anterior consolación".

Durante la consolación, parece imposible que la desolación pueda venir, y, en la desolación, apenas puedes recordar cómo era estar en consolación. Cuando estás en consolación, a veces es una buena idea escribir algunas de las cosas que experimentas y los propósitos que haces. Por ejemplo, si tú sientes que el Señor te está pidiendo que dejes de criticar -que es un pecado, de todas formas-, no dejes de hacerlo también en tiempo de desolación. Y no solo eso, sino que tampoco escuches a alguien que habla mal de otro.

No olvides todos los momentos en los que, durante la consolación, le pedías al Señor que te dejase llevar su Cruz. Ahora ya la tienes, y no digas: "Bueno, pero yo hablaba de una Cruz distinta...". No pienses que Jesús sufrió la Pasión en consolación, tan contento de ser azotado y crucificado, porque Él sabía qué es el amor y por eso aceptó el sufrimiento. Esta es tu oportunidad para pedir a Dios ayuda. Él te está escuchando, incluso cuando parece que estás gritando en el abismo. Él está a tu lado y te escucha alto y claro, y te está ayudando. Un día, Santa Catalina de Siena estaba en Misa y, cuando se levantó para recibir la comunión, tuvo tentaciones horribles de pensamientos sucios. Luego, ella le preguntó a Jesús que dónde había estado durante esa horrible tentación y Él le dijo: "Yo estaba ahí a tu lado, evitando que cayeras". Estar en desolación es como estar en un tren que va por un túnel. ¿Vas a saltar del tren por el hecho de no ver nada? No, quédate, hay luz al final.

También es muy importante recordar, una vez más, que no podemos confiar en nuestros sentimientos, sino, más bien, en la razón iluminada por la fe. Los sentimientos son muy inestables. Fortalece tu voluntad y sé firme en tu fe. Guiarse por los propios sentimientos es como cerrar los ojos y caminar por el hielo. Tú ya sabes que vas a acabar en el suelo y no llegarás a ninguna parte. Esto pasará y, durante este tiempo, no cambies nada. Si estabas dispuesto a rezar el rosario todos los días, no pares ahora. Porque parar es exactamente lo que el diablo quiere que hagas.

Durante las consolaciones, es el buen espíritu el que te guía, pero durante las desolaciones, es el mal espíritu. Él te está tanteando para ver si tú reaccionas y para ver hasta dónde puede presionarte. Defiende tu posición. Actúa como uno de esos matones que se cruzan de brazos y no dejan a los niños pequeños coger su merienda. No caigas en la trampa, sé firme en tus propósitos y NO CAMBIES NADA.

Firme en la fe,
Otros principiante, con muy buenos maestros.