4ª regla de discernimiento

Querido principiante:

La cuarta regla es bastante opuesta a la tercera. Trata de la desolación espiritual, que es lo contrario de la consolación. Dice San Ignacio: "Llamo desolación a todo lo contrario de la tercera regla, así como oscuridad del alma, turbación en ella, moción a las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a infidelidad, sin esperanza, sin amor, hallándose toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Creador y Señor".

En tiempo de desolación, vienen las dudas. A veces nos pueden venir, incluso, tentaciones blasfemas o impuras, especialmente en los momentos más inapropiados, como durante la Santa Misa. Y hablando de la Misa, no te sorprenda si no quieres ir o no quieres hacer cualquier cosa que tenga que ver con la oración o con Dios. No solo por que te da pereza, sino por la simple razón de que no quieres hacerlo. Aquí es donde está el mérito. Antes, ¿estabas haciendo las cosas por Dios o porque te hacían sentir bien?

En la desolación, comienzas a pensar: "No puedo hacer esto, esto no es para mí…". "¿Qué fue lo que me atrajo de esto? ¿Quién me metió en esto?". "¡Olvídalo! Me marcho de aquí…". "¿Me amará Dios todavía? ¿Existe Dios?". "Mira todos mis pecados, nunca voy a conseguir ir al cielo"… Las desolaciones te llevan a la desesperanza, a la tristeza, al cansancio, a la pereza, a la oscuridad, al pesimismo, etc.

¿Conoces ese sentimiento de estar cansado de todo y no ver nada? Eso es… O cuando empiezas a creer que eras mejor antes y que por qué tuviste que seguir adelante y tirar tu música a la basura o terminar con una mala amistad… O cuando tienes un antojo de algún vicio que ya dejaste… O, simplemente, cuando no quieres luchar por ser santo. Eso es la desolación.

Es aquí donde el Señor te enseña esto: “Sin mí, no podéis hacer nada”. Tú, que pensabas que eras capaz de hacer cualquier cosa por Dios... Tú, que confiabas más en ti mismo que en Dios… Somos tan miserables, que no podemos hacer nada sin Él. Y, en esos momentos, es cuando comenzamos a darnos cuenta.

¡Levántate! No estás solo. Humíllate y pídele a nuestra Madre del cielo que te ayude. Permanece fiel a tus compromisos. Dios te ama y siempre te amará.

Ya seguiremos con esto en la quinta regla.

¡No te rindas!

Otro principiante, pero con maestros excelentes.