2ª regla de discernimiento

Querido principiante:

En realidad, ya te hablé un poco acerca de la segunda regla cuando te expliqué la primera, lo comprobarás ahora. La segunda dice: “A las personas que van purgando intensamente sus pecados y creciendo en el servicio de Dios, el mal espíritu trata de asustarlas, entristecerlas y ponerles impedimentos, inquietándolas con falsas razones para que no sigan adelante. Sin embargo, es propio del buen espíritu dar  ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando y quitando toda traba para que progresen en el bien obrar”.

Es muy importante tener en cuenta estas dos realidades y reconocer que estás en una batalla. Cada alma vale mucho, y cuando el demonio ve que está perdiendo a una de las que él había atrapado en el pecado, se pone nervioso. Él quiere esa alma para sí, pero el deseo de Dios por el alma, es mucho más fuerte. Como el demonio está asustado, intenta revolver de nuevo todos tus sentimientos y tu imaginación para persuadirte. ¡No olvides esto nunca! No debes confiar en tus sentimientos, porque estos cambian constantemente. La intuición es una cosa, pero los sentimientos son otra, y no son muy fiables.

Una de sus tácticas es la desanimarte, usando algún apego que puedas tener. Si aún te preocupa lo que las personas puedan pensar de ti, él usará eso, tratando de convencerte de que no le caes bien a nadie, de que te vas a quedar sin amigos, etc. El mal espíritu te dará muchísimas razones para que te rindas ahora; él miente y te hará pensar que vas a estar solo y triste, y que no merece la pena tanto problema, que estabas mucho mejor antes... ¡Eso es mentira! Prepara tu defensa, que es ignorarlo y ponerte a pensar inmediatamente en todas las cosas buenas que te llevan hacia adelante. Ahí está el buen espíritu para ayudarte, recordándote que estás viviendo en gracia, que estás dando gloria a Dios, que tienes una paz interior que no tenías antes, que otras personas tendrán la oportunidad de conocer a Dios gracias a ti, etc. Algunas veces, el mal espíritu viene con mucha fuerza, pero ten la certeza de que Dios está contigo, dándote ánimos para que te mantengas firme.

Como siempre, el buen espíritu te anima. Te da consolaciones que hacen que tú quieras hacer cualquier cosa por Dios, y eso es bueno. Quizá es una alegría muy intensa, o una experiencia del amor inmenso que Dios tiene por ti… El buen espíritu te hace ver que lo que te molesta ahora, no es tan grave, y te muestra cómo salir de ello. Puede ser que escuches una frase de un santo o un pasaje de la Biblia que te ayude, una frase de una homilía, de tu director espiritual o de un amigo... Dios se sirve de cualquier cosa para hablarnos y está ahí siempre que lo necesitamos. Él lo sabe todo.

Sigue luchando.

Otro principiante, pero con muy buenos maestros.

O Luchar o Morir -Lorenzo Scupoli

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