¿Has oído alguna vez hablar de la mortificación de los ojos?


Querido principiante:

¿Has oído alguna vez hablar de la mortificación de los ojos? Es un pequeño camino fantástico para ayudar a tu alma a elevarse en oración. No me refiero a no mirar a alguien con lujuria, a evitar las malas películas o cosas como esas... Pero si necesitas oír eso, bien, ya sabes que eso de ningún modo te ayuda. A lo que me refiero aquí es sencillamente a no mirar cosas que te interesarían: se trata de mortificación de la curiosidad, específicamente a través del sentido de la vista.

Por ejemplo, estás en una ciudad. No necesitas leer todos los carteles y anuncios, no es necesario que te fijes en todos los escaparates. Suena fácil e infantil, ¿verdad? Intenta hacerlo. Ves a una persona que quizá va vestida de modo inapropiado: en vez de salir con un montón de excusas para mirar, baja la mirada y reza una oración por aquellos que quizá no conocen a Dios personalmente. Por otro lado, podrías hacer lo mismo con toda persona que te cruzas. Vas a la playa y hay un atardecer precioso. A lo mejor, de vez en cuando puedes decir: "Gracias, Señor, por Ti no voy a mirar". Una vez escuché una historia de un santo que siempre tenía su mirada baja allá donde iba. Una tarde, uno de sus hermanos le dijo que le había visto en el mar por la mañana. El santo ni siquiera se había dado cuenta de haber estado cerca del mar.

Bueno, no digo que tienes que ser como un eremita y, al mismo tiempo, un jorobado, pero piensa sobre ello. Cuántas cosas se meten en tu imaginación que después vuelven a distraerte y ocupan tu pensamiento con cosas mundanas. La jaculatoria de San Rafael Arnáiz era "Sólo Dios". Es más fácil evitar que entren las cosas que sacarlas después.

Perseverancia, querido principiante.

Uno que tiene maestros muy buenos.