Vivir la fe de verdad

 
Querido principiante:

Nunca había prestado mucha atención a palabras como perseverancia y fidelidad hasta que me centré en mi vida espiritual, hasta que empecé a vivir la fe de verdad. Está claro que no necesitas perseverar o luchar por algo en lo que no tienes mucho interés. Y como el demonio ve esto, no necesita preocuparse por encontrar caminos para hacerte caer con tentaciones y distracciones. En la vida espiritual, dijo el Señor: "Por vuestra preseverancia salvaréis vuestras almas" (Lc. 21,19).

San Pablo compara la lucha diaria con la de un atleta, animándonos a seguir adelante para ganar el premio.  Pero, a diferencia del atleta, nosotros luchamos para ganar una corona que no se marchita. En atletismo, sabes el tiempo que te queda hasta que puedes descansar, beber agua, darte una ducha, y “abandonar la pista”.  En la vida espiritual, puedes descansar, beber agua, darte una ducha... pero no puedes dejar la pista hasta la muerte.  ¡Ánimo! Descanso, agua, ducha: oración, gracia, sacramentos. Siempre están a disposición. Y para mantener la fortaleza, debes recurrir a ellos continuamente. Pueden llegar el cansancio y la rutina, y llegarán, pero te dejes desanimar por ellos.  Considéralo como una oportunidad para demostrar a Dios que estás deseando luchar por Él, cuando Él te retira su consolación para preguntarte: “¿Cuánto me amas?”

Fidelidad: ser fieles en las cosas pequeñas (o grandes) de cada día, como saltar de la cama por la mañana cuando suena el despertador. Hay muchas oportunidades para demostrar tu fidelidad en las cosas pequeñas y en las grandes, aprovéchalas. Aunque sólo sea repitiéndote a ti mismo: “Perseverancia... Fidelidad... Por Ti...” Muchas veces sólo necesitas esto para levantarte de nuevo. Cuando ves lo débil que eres y sientes que ya no puedes más, encuentra consuelo al pie de la Cruz, en el Inmaculado Corazón de María.  Allí está Jesús, anhelando darte la fuerza para cumplir la voluntad de su Padre.  ¡Lucha por ganar el gran premio! Al final del juego, cuando recibas el trofeo, qué rápido olvidarás el cansancio. Habrá merecido la pena.  Sigue luchando, persevera, el Señor te recompensará en esta vida, pero mil veces más en la vida futura.

En la lucha,
otro principiante