¡Déjate la piel!

Misiones en Ecuador 2017. Hacía calor y el agua del Amazonas cubría mi tobillo. Con mi mano sostenía un gel “quita-piojos”. Delante de mí, un niño esperaba a que le limpiara su cuero cabelludo herido e infectado.

Debí de tardar un minuto en tomar LA decisión, aunque me supuso una eternidad… Una lucha interior se desencadenaba en mi corazón endurecido: «¡Qué asco! ¿Vas a tocar eso con tus manos? Es una guarrada, seguro que hay más opciones para quitarle al chiquitín los piojos sin tocarle…». Y por otro lado resonaba esta Voz en mi interior: «Yo soy este niño, ¿vas a despreciarME?».

A continuación, puse el gel en la mano del niño y le expliqué con gestos como extendérselo, todo por no tocarle. Mientras el pequeñín me miraba, solo podía sentirme aplastada por la mirada humilde y misericordiosa de Dios.

Más tarde escribí en mi cuaderno de notas: «Sentí asco, pero no asco de los niños, sino de mí misma, por tener un corazón tan duro como para ¡ser incapaz de hacer las cosas por AMOR!».

Por eso, os invito a ser como la Verónica, a limpiar el rostro de nuestro Señor Jesucristo camino al Calvario, porque habrá muchas situaciones en que Dios os regale esta oportunidad: cuidar a un enfermo, lavar una herida, defender la pureza de la mirada... Como bien dice nuestra Madre: «Haced lo que Él os diga».

Y no porque yo sea el ejemplo para decíroslo, pero sí testigo de la Misericordia de Dios y de cómo «Él hace nuevas todas las cosas», porque si volviera a ver a aquel niño ¡le pediría a Dios la gracia de besarle una y otra vez su cabeza!

Qué importante es acudir a María en estos momentos de debilidad, acurrucarnos bajo su manto y pedirle que «pise con su talón al demonio» porque Ella ¡YA HA VENCIDO!