¡Mi familia me está volviendo loco!

A veces es más fácil amar a los que están lejos que a los que están cerca. Algunos teólogos pensaban que nuestra caridad debía ser totalmente universal, es decir, que debíamos amar a todos por igual. Santo Tomás de Aquino no estaba de acuerdo: «Debemos por caridad amar más a los que están más unidos a nosotros, tanto porque nuestro amor por ellos es más intenso como porque hay más razones para amarlos» (ST II-II q.26 a.8 res.). Puedes admitir rápidamente que amas a tu familia más que a los demás, pero, ¿pones en práctica este amor? ¿Es una verdadera caridad o simplemente los soportas? 

Aquí tienes algunos consejos si te cuesta llevarte bien con los miembros de tu familia.

1. Si tu familia te vuelve loco, probablemente tú también lo estés haciendo. Admitir que puedes tener algo que ver con el problema es un paso importante que debes dar. 

 2. Deja de juzgar. Nunca asumas que están diciendo o haciendo algo para perjudicarte. Confía en que te quieren incluso cuando te sientes herido o incomprendido. Quizá te sientas ofendido precisamente porque estás juzgando. Piénsalo. Tu hermana te grita sin motivo aparente y tú te enfadas. En ese momento puedes juzgarla o disculparla. Es decir, puedes asumir: «¡Es tan mala!, me odia!» o simplemente pensar: «Seguramente ha vuelto a tener un mal día». Si estás convencido de que te odia, te sentirás ofendido. Si confías en que te quiere, te darás cuenta de que no es para tanto. Así que haz esfuerzos concretos para pensar bien de tu familia y confía en su amor por ti, ¡incluso cuando a veces puedan expresar lo contrario en un momento de dificultad!

3. No te hagas la víctima. ¿Alguna vez has pensado o dicho: «Nadie me entiende»? ¡No es cierto! En primer lugar, Dios te entiende perfectamente, ¡y mucho mejor de lo que tú mismo te entiendes! Pero, por desgracia, a menudo puedes sentirte realmente incomprendido por quienes te rodean. Esos pensamientos también pueden ir acompañados de la sensación de que siempre eres la víctima o de que siempre es tu culpa. Intenta recordar que los malentendidos son totalmente normales entre los seres humanos, por lo que no debería ser una tragedia si sientes que los demás no pueden comprender todo lo que ocurre en tu interior. El primer paso que debes dar es abrir tu corazón a tus padres en un momento en el que tú (y ellos) os sintáis tranquilos y serenos. Si no les dejas saber con qué estás luchando, ¿cómo puedes esperar que te entiendan? Después, intenta centrar tus esfuerzos en comprender y amar a tus padres y hermanos. Si te entregas y sirves, será más fácil superar tus luchas. 

4. Sé paciente y perdona. Nunca te canses de perdonar. Esto es lo que nos pide Jesús, no siete veces al día, sino setenta veces siete. Cuando te sientas incapaz de perdonar a tu familia de inmediato, ponte de rodillas antes de acostarte y pídele al Señor que te perdone por tu dureza de corazón. Independientemente de lo que hayas sufrido, el Señor quiere que perdones. Pídele que te ayude a perdonar a ese miembro de la familia que no pudiste perdonar ese mismo día, y luego reza por él o ella sinceramente. 

5. Pide ayuda. Esto debería ser realmente el número uno, porque es lo que dará la fuerza para todo lo anterior. Pídele al Señor que infunda su amor en tu alma, para que puedas amar en Él y por Él. ¡En eso consiste la caridad! Sin Él, los números 1-4 son imposibles. Con Él, si pides sinceramente su gracia y perseveras en responder con generosidad, ¡pronto te encontrarás amando a tu familia más que nunca!