A paso de gallina: Contento con ser bueno

Te consideras una buena persona, incluso muy buena. Te confiesas de vez en cuando y comulgas los domingos. Tus amigos saben que eres muy religioso. No eres un loco fiestero y te tomas en serio los estudios. Sin embargo, no tienes un tiempo reservado para la oración todos los días. Hay ciertos pecados veniales que no estás dispuesto a dejar atrás. Tienes tus propios planes para el futuro y tienes miedo de preguntar a Dios lo que quiere de ti o, simplemente, no te importa. Te conformas con ser bueno. 

“Paréceme, ahora, a mí esta manera de caminar un querer concertar cuerpo y alma para no perder acá el descanso y gozar allá de Dios y así será ello si se anda en justicia y vamos asidos a virtud, mas es paso de gallina: nunca con él se llegará a libertad de espíritu” (Santa Teresa de Ávila, Libro de la Vida, cap. 13). Santa Teresa de Ávila escribe desde su propia experiencia. Pasó muchos años –incluso siendo ya religiosa– con esta actitud de querer ser buena, pero poniendo un límite a lo que Dios pudiera pedirle. Sin embargo, si reconocemos que Dios es el poder y la bondad supremas, si lo adoramos como nuestro Creador y Señor, si hemos sido adoptados en el Hijo y somos sus hijos, ¿cómo podemos preferir nuestros propios planes y deseos a los suyos? ¿Cómo podremos contenernos y no entregarnos con generosidad? ¿Qué derecho tenemos para decir a Dios lo que puede y no puede hacer en nuestras vidas?

Santa Teresa señala tres razones principales por las que nos puede ocurrir esto.

1. Falsa humildad: Realmente quieres ser una buena persona, pero no quieres ser ambicioso al respecto. No quieres destacar. “No seas tan orgulloso como para pensar que puedes ser santo”, te susurra el diablo al oído. Admiras a los santos e incluso rezas a los santos de tu devoción, pero no te atreves a imitarlos.

2. Falta de un buen director espiritual: Te esfuerzas por ser bueno y todos los que te rodean parecen pensar que estás en el camino correcto. En el fondo de tu alma, intuyes que Dios te pide más, pero no sabes cómo ponerlo en práctica. Sabes que hay miedos u obstáculos en tu interior que impiden una relación más profunda con Dios. A pesar de tu “bondad”, tu amor por Él es muy pobre... Pero no estás seguro de qué hacer para mejorar, y no estás seguro de si realmente quieres mejorar. “Si hubiera habido alguien que me animara a remontarme más alto –reflexiona Santa Teresa al recordar cuando ella se encontraba en esta situación–, creo que podría haberme llevado a un estado en el que estos deseos [de santidad] se llevaran a cabo...”.

3. Falta de confianza en Dios: Estás convencida de que si te tomas en serio la santidad, esta puede arruinar tu vida. En palabras de Santa Teresa, “imaginamos que la tierra va a desaparecer de debajo de nuestros pies”. No estás dispuesto a soltar tu apego a las comodidades de este mundo o a tus propios planes y formas de ver o hacer las cosas. Sabes que Dios existe, pero tu fe no es lo suficientemente fuerte como para saltar y aferrarte solo a Él. 

Entonces, ¿qué se puede hacer? Creo que el mejor punto de partida es la tercera razón. Muchas personas piensan que sus planes y sus comodidades terrenales les harán más felices que Dios. Son muy pocos los que tienen una confianza absoluta y total en Él. Intenta abandonarte en sus manos en momentos de oración silenciosa. Esta nueva apertura a Dios te ayudará a darte cuenta de que necesitas ayuda, la ayuda de un buen director espiritual (2), que te ayudará a avanzar en la santidad mucho más rápido que una gallina. Él te abrirá los ojos ante hecho de que desear ser santo no es una ambición orgullosa (3). Santa Teresa señala que “si [los santos] nunca hubieran resuelto desear alcanzar [la santidad] y llevar sus deseos continuamente a efecto, nunca se habrían elevado a un estado tan alto como lo hicieron”. Tu guía espiritual te animará, te ayudará a ver lo que te frena y encenderá en tu alma el deseo de alcanzar la santidad.