Aprender a imponer

Cuando estaba en el instituto tenía que liberar constantemente a una amiga de ser molestada cruelmente por los chicos. Ella podía pasar horas diciendo: “¡Callaos! ¡Parad ya!”, pero ellos no paraban hasta que les miraba y les decía: “Dejadla en paz”. Ellos me obedecían enseguida... por lo menos hasta ese momento. Una vez, ella les preguntó: “¿Por qué siempre la escucháis a ella y a mí no?”. Ellos se rieron, se encogieron de hombros y se fueron. Para mí, era obvio que lo preguntara. “Si te sigues riendo, nunca te van a tomar en serio”. Yo insistí. Una vez, hablé con ella seriamente sobre este problema, porque lo que empezó como una broma inocente se ha convertido en algo vulgar y ofensivo.

Ella se echó a llorar y me dijo que ella quería ganarse el respeto, pero que no sabía cómo hacerlo. 

Creo que muchas cosas pasaron en su alma en ese momento. Aunque de una manera más profunda ella quería ser respetada, exteriormente solo buscaba atención de cualquier tipo, aunque fuera de forma degradante.

Como mi propia actitud de exigir respeto resultaba tan natural para mí, no sabía cómo ayudarla. Desde entonces, he visto esta situación varias veces... y he podido reflexionar sobre el tema.

Lo primero, tenemos que empezar teniendo claros algunos criterios. Luego, ya podemos buscar formas de superar las inseguridades, que a menudo se convierten en un grito inconsciente de atención. Y por último, podemos considerar algunas maneras concretas de exigir respeto.

Nadie tiene el derecho de acosarte, de hacer comentarios vulgares sobre tu cuerpo o tus intenciones, de abrazarte, de hacerte cosquillas o tocarte si tú no lo quieres. No pienses: “Los chicos son así ahora”. Los chicos no son así si se lo pides o si les dejas ser así. No asumas que “es solo una broma y no debería tomármelo en serio”. No es para nada gracioso si te degrada. No digas: “Si no les dejo, nunca conseguiré un novio”. Atraerás a jóvenes decentes si lo que pides es ser tratada con decencia (más sobre esto a continuación). No eres un juguete; no dejes que la gente juegue contigo.

¿Es esto malo? No. No solo tienes el derecho, sino la obligación de defenderte en estos temas. Jesús nos enseña a ser mansos y humildes, pero Él también expulsó a los mercaderes del templo. ¿Por qué lo hizo entonces? Porque el templo de Dios es sagrado. Cuando lo que está en juego es solo tu orgullo, sé humilde y no devuelvas la ofensa. Admítelo cuando te equivoques y no le pongas límites a tu amor y a tu misericordia. Sin embargo, cuando lo que está en juego es tu dignidad como mujer, puedes y debes defenderte tan impetuosamente como Jesús defendió el templo. ¿Por qué? Porque eres templo de Dios. ¡Tira las mesas de la vulgaridad! ¡Toma un látigo contra la indecencia! Nadie puede acusarte de ser una fresca. Estás simplemente siendo una auténtica mujer cristiana.

Sí, eres templo de Dios. Su espíritu habita en ti, te mueve, te transforma, y te ama como eres. Deja que Su amor sea tu seguridad. Muchas jóvenes desean inconscientemente cualquier tipo de atención de los hombres precisamente por sus inseguridades ocultas. Ponte delante del Señor con sinceridad y ábrele tu corazón. Deja que te ame y que te dé una experiencia de Su amor por ti. Si tu confianza en Su amor por ti crece, también crecerá tu capacidad para exigir respeto. Su amor por ti es abundante, constante y eterno. No necesitas la atención superficial que te ofrece el mundo.

Ahora el consejo práctico. No tengas miedo de hablar en serio. Si quieres exigir respeto, ¡deja de reírte! Normalmente eso es suficiente. Si los chicos empiezan a hacer comentarios ofensivos, llámalos personalmente. Una simple pregunta como: “¿Qué has dicho?” o, “¿Perdona?” con una expresión seria y una mirada firme es más efectiva que gritar “¡basta!” mil veces con una sonrisa avergonzada. Un firme “¿qué estás haciendo?” o incluso “no me toques”, frenaría sus manos de ir a donde no quieres que vayan. Si eso no funciona, habla con un adulto o un superior sobre esto. No te rindas y digas que es inevitable, por las razones que te he dado.

Puede parecer que he sido excesivamente duro con los hombres en general, pero esa no es mi intención. En realidad, pienso mucho en los jóvenes que empiezan a tratar a sus compañeros y responsables tan mal porque realmente piensan que es lo que las mujeres quieren. Desde que ese tipo de comportamiento está tan extendido, muchos piensan que es la única forma de “ligar”. También es mucho más fácil. Un hombre tiene que reunir mucha valentía para hacer cumplidos sinceros y tener afecto puro. Si exiges respeto y rechazas la vulgaridad, motivarás a los hombres a ser valientes y francos cuando quieran expresar su atracción hacia ti. Y la sinceridad y el respeto son bases mucho mejores para una relación duradera que la vulgaridad.