Infografía: Consejos para conservar tu higiene espiritual

Ahora mismo estoy viviendo en una parroquia del norte de Italia, donde los casos del coronavirus se están extendiendo. El gobierno ha prohibido todos los eventos públicos o privados, ya sean de carácter civil, educativo, político o religioso. Los obispos están siendo muy obedientes y, consiguientemente, han cancelado todas las misas desde hace dos semanas; y parece que la situación no se resolverá a corto plazo. No hay misa, no hay catequesis, no hay viacrucis. No hay colegios, no hay deportes, no hay actividades extraescolares. Los profesores están intentando organizar clases por vídeo-conferencia, con poco éxito. Los niños y los jóvenes se están ahogando en el exceso de tiempo de ocio que tienen. Un joven de nuestro pueblo, justamente ayer, se cayó del tejado de una vieja fábrica y estuvo a punto de matarse. Estaba vagando con sus amigos -que lo abandonaron después de la caída- porque no tenían otra cosa mejor que hacer.

Mientras todo el mundo está en estado de pánico por la expansión del coronavirus, una pequeña comunidad de religiosas del norte de Italia está en estado de pánico por la expansión del pecado. No hay duda de que el demonio está aprovechando esta situación. Es más obvio que nunca que «vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (1 Pe. 5, 8). Privados de la Eucaristía y de la oración comunitaria, los cristianos parecen casi indefensos ante esta situación.

¿Qué más queda por hacer? El día en que el gobierno empezó a tomar estas medidas, la lectura de la misa del día era del capítulo 9 del Evangelio de San Marcos. Allí Jesús explica que «este tipo de demonios solo puede ser expulsado con oración y ayuno» (Mc. 9, 29). Así que rezamos y ayunamos…, intentamos ayudar a la gente a ver que hay una infección grave pululando a nuestro alrededor y les enseñamos cómo luchar contra ella. Esta gráfica informativa es un resumen de nuestras reflexiones.