Probar la no existencia de Dios

El problema empieza aquí: ¿Cómo puede una persona probar la no existencia de algo o de alguien? Mucha gente dirá que la “ciencia” nos puede dar la respuesta. Vamos a verlo con un ejemplo. Parece que los unicornios no existen. Pero si lo quieres probar científicamente, ¿podrías? No hay nada intrínsecamente contradictorio acerca de la existencia de los unicornios. Existen mamíferos de cuatro patas con protuberancias extrañas cerca de su cara, como pueden ser los ciervos o los carneros. Un "antiunicornista" comenzaría a profundizar en los estudios sobre supuestas apariciones de unicornios. Luego probaría que todas eran una farsa. Las huellas de los cascos eran realmente de un caballo pequeño o un ciervo, no de un unicornio. Todas las fotos estaban manipuladas. Hay evidencia de que todos los visionarios de unicornios estaban pagados. Por esta razón, los unicornios no existen.

Alguno pude argumentar que todo lo que realmente se está probando es que esas supuestas apariciones de unicornios eran una farsa; en realidad, no ha probado nada sobre la no existencia de los unicornios. Pero tendríamos que estar de acuerdo con que, dada la consistente evidencia de fraude en todas las supuestas apariciones y rastros de unicornios, la única solución razonable es que los unicornios no existan.

¿Puede el mismo tipo de argumento ser válido para demostrar la no existencia de Dios? No, por una simple razón. Hay muchas razones complicadas que tienen que ver con la realidad pura de Dios, pero hay una razón que cualquier ateo entendería: Dios es inmaterial. El hecho de que no haya auténticas huellas ni fotografías de Dios nunca convencerá a un ateo -ni siquiera a un agnóstico- de la no existencia de Dios. Un biólogo cristiano se quedará asombrado de la mano providente de Dios cuando estudie la complejidad de un ojo humano. Pero un biólogo ateo se quedará igualmente -o mucho más- asombrado por los miles de millones de eventos de pura casualidad que parece que han causado la formación del ojo humano. Puedes argumentar que una reacción es más racional que la otra, pero no son pruebas científicas en ningún sentido de la palabra.

Un científico, como científico que es, no puede decir nada con respecto a la existencia o no existencia de Dios, por la simple razón de que los científicos solo estudian los entes materiales. Santo Tomás de Aquino argumenta que el estudio filosófico de los entes materiales nos puede llevar a la existencia de Dios. Por lo que, si un ateo quiere probar la no existencia de Dios, lo tendrá que hacer usando argumentos filosóficos.
 
Puede intentar probar filosóficamente que las cosas inmateriales, en general, no existen y, por esa razón, Dios no existe. Pero eso es muy difícil probarlo de forma coherente, casi tan difícil como probar que la materia existe. Otra aproximación sería comprobar las supuestas pruebas filosóficas de la existencia de Dios, haciendo ver que son incoherentes. Más o menos como lo haría el científico "antiunicornista", pero aplicado a la filosofía. El problema es que muchos ateos no se quedan satisfechos con esto. Afirman que tal empeño no prueba la existencia de Dios, simplemente que estas pruebas tienen fallos. Además, los que creen en la existencia de Dios tienen generalmente respuestas irritantemente convincentes. Es más, muchos creyentes no basan su creencia en Dios en ninguna prueba filosófica, siendo ese enfoque totalmente insignificante para ellos.
 
Un enfoque mucho más atrevido sería intentar probar que hay algo intrínsecamente contradictorio en la existencia de Dios. Cuando un filósofo ateo, J. L. Mackie, lo intentó en “El mal y la omnipotencia”, en 1955, la fuerte respuesta de los teístas, condujo a su compañero ateo, Rowe, a utilizar un argumento mucho más sutil en “El problema del mal y algunas variedades de ateísmo”, en 1979, nombrándose a sí mismo como un “ateo amistoso”, sosteniendo que, aunque no es totalmente irracional creer en Dios, es más racional no creer en Él. Los teístas, por supuesto, respondieron con argumentos formidables y el debate continuó y continuará, pese a que el ateísmo ya no está tan de moda como hace algunas décadas. La gente ahora está más interesada en las religiones asiáticas o la New Age, o simplemente se definen a ellos mismos como agnósticos en lugar de ateos.

Los argumentos filosóficos pueden ser difíciles de seguir y de argumentar, pero una cosa es segura: los argumentos científicos acerca de la “no existencia” de Dios siempre se pueden refutar. La ciencia no puede ser usada para probar que Dios no existe. Si un científico intenta demostrarlo, está pisando el límite de su disciplina de conocimiento. La filosofía sí se puede usar, aunque erróneamente. Me explico. Al final, siempre hay una simple razón por la que los ateos no pueden dar una perfecta demostración de la no existencia de Dios: ¡Porque Dios existe!

Nota: Este artículo está inspirado en las clases de la Universidad Pontificia de “St. Thomas Aquinas” con el profesor Fr. Dominic Holtz.