Proyecciones

En nuestro viaje de vuelta a Roma, la hermana Elisa y yo tuvimos una fascinante conversación con una mujer española, a la que llamaré "Sara". Sara iba de viaje a Roma para romper con su novio. Cuando acabó de contarnos toda la historia, le pregunté si creía en Dios, ya que creer en Dios da sentido al sufrimiento causado por este tipo de circunstancias. Respiró profundamente y esbozó una pequeña sonrisa: “Desearía poder creer en Dios”. Cuando la hermana Elisa le preguntó por qué pensaba que no podía creer en Dios, ella empezó a clarificar su situación. Pobre Sara; ella había estudiado filosofía moderna y estaba convencida de que el deseo que experimentaba de creer en Dios era tan solo una proyección. Nos explicó que todo hombre experimenta la necesidad de dar sentido a su vida. Aquellos que son ignorantes e ingenuos y los que no pueden lidiar con la soledad y el sinsentido de la vida, proyectan sus deseos en una figura imaginaria: Dios. Una vez que se han convencido de la existencia de Dios, se sienten confortados y en paz. Como creen que Él está siempre con ellos, ya no experimentan ese sinsentido y soledad. Esta es la razón por la que Sara desearía creer en Dios, pero como “sabe” que no existe, no puede creer.

Me eran familiares las teorías proyeccionistas sobre Dios, pero nunca me había dado cuenta de lo peligrosas que pueden llegar a ser. Leí una metáfora sobre la teoría de la proyección escrita por Piet Van Breemen: un hombre se está muriendo de sed en un desierto y, de repente, ve un oasis. “No -piensa para sí mismo-, es solo un espejismo”. Conforme se va acercando, ve el oasis con más claridad y empieza a sentir el clima más húmedo; “Es una ilusión producida por la extrema deshidratación”. Empieza a ver los árboles frutales y a escuchar el sonido del agua corriendo. “Es una proyección; soy yo quien me estoy creando estas impresiones… ¡la naturaleza es tan cruel...!”. Una hora después, un par de hombres lo encontraron muerto. “No puedo entenderlo -le dijo uno de los hombres al otro-, ¿cómo puede un hombre morir de sed cuando está literalmente a un paso del oasis y de la sombra de los árboles frutales?”. A lo que el otro hombre contestó: “Oh, era moderno. Murió por temor a sus propias proyecciones”.

Probablemente, me habría reído al leer esta última frase si no tuviese en mente la trágica situación de Sara. Ella está firmemente convencida de que su deseo de creer en Dios es una proyección, tanto que sería difícil para Dios romper ese rechazo hacia Él. Cada vez que ella busque a Dios, cada vez que le gustaría abrirle el corazón, cada vez que Dios intentase derramar su gracia sobre ella, cada vez que ponga en su corazón el deseo de Él; ella hará lo imposible para sofocar todos esos deseos y darle la espalda a Dios, a su cruel “proyección”. Ella está en peligro de morir de sed de Dios, mientras que Él está en la cruz por amor a ella, esperando para derramar la sangre y el agua de su propio corazón para salvarla. Si ella le da la espalda, Dios no se impondrá sobre ella, y su vida habrá sido una perfecta tragedia.

Van Breemen continúa señalando que somos rápidos en descartar las cosas espirituales como si fueran proyecciones, pero a menudo pasamos por alto la influencia deprimente y paralizante que tiene sobre nosotros. Si viese a Sara de nuevo, le contaría la historia del hombre que murió a causa del miedo a su propia proyección. De todas formas, rezaré por ella. Confío en que si abre su corazón, aunque sea solo un poquito, Dios encuentre un camino para llegar hasta ella. En conversaciones con personas como Sara, es importante hablar de la existencia de Dios sin basar tu reflexión en sentimientos o experiencias personales.

Pero no olvides que tú también puedes quedar paralizado en tu vida espiritual por miedo a tus propias proyecciones: "No, Dios no me pediría que me comprometiera tan intensamente. Es solo porque he estado en un retiro, rodeado de un ambiente religioso". O: "No, definitivamente tengo que dejar de lado esta idea; Dios no puede estar llamándome". ¿Te suena familiar? Puede que no hayas estudiado a los filósofos ateos, pero sus ideas han ahondado en nuestras almas más de lo que nos gustaría creer. No te dejes paralizar por el miedo a las proyecciones. Pasa tiempo en silencio con el Señor frente al sagrario y habla con tu director espiritual, para que te ayude a distinguir entre tus propias proyecciones y las auténticas inspiraciones de Dios.