Vanidad de vanidades

En el caso de que no hayas oído hablar sobre esta curiosa costumbre de los santos, aquí tienes unos cuantos ejemplos: “Imagínate a ti mismo en tu lecho de muerte, en las últimas, sin la más mínima esperanza de recuperación” (S. Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, Parte I: 5ª meditación, De la muerte). “Muchos mueren de repente e inesperadamente (...) Por la mañana, piensa que no alcanzarás la tarde y cuando llegue la tarde, no te atrevas a prometerte la mañana”. (Tomás de Kempis, La Imitación de Cristo, Capítulo XXIII). Imagínate en presencia de una persona que acaba de expirar: mira ese cadáver, tendido aún en su lecho mortuorio; la cabeza inclinada sobre el pecho; esparcido el cabello, todavía bañado con el sudor de la muerte; hundidos los ojos; desencajadas las mejillas; el rostro de color de ceniza; los labios y la lengua de color de plomo; yerto y pesado el cuerpo... (S. Alfonso María de Ligorio, Preparación para la muerte, capítulo 1). Las Carmelitas descalzas acostumbraban a tener en sus celdas una calavera para que les recordase la realidad de la muerte.

Los santos son muy vivos, están llenos de alegría, son muy fecundos en su apostolado. Entonces, ¿por qué esta práctica macabra de meditar sobre la muerte?
Es obvio que los santos no pretenden con eso que nos obsesionemos con la muerte. El fin de su extraño propósito es bastante diferente y muy paradójico: meditar en la muerte puede enseñarnos a amar la vida. ¿Por qué? Es una llamada a despertar. El hecho de que la muerte sea inevitable e impredecible, puede ayudarte a saber valorar tu vida y a cambiar tu corazón.

1. La muerte es inevitable. Dios te ha dado una voluntad libre y con ella puedes tomar toda clase de decisiones, pero no puedes elegir vivir para siempre. La muerte es inevitable. El que esto sea así no debería llevarte a la depresión. Si lo hace, entonces es bastante preocupante, porque eso significa que tienes poca fe. La muerte significa un encuentro con el Señor y eso debería causarte una gran alegría. También comporta el afrontar un juicio personal ante Él, que puede producirte miedo y temblor, especialmente si no estás preparado. Esta experiencia, tanto de un profundo deseo de ver al Señor cara a cara como del juicio particular, es normal en la vida de un cristiano. Cuanto más unido se está al Señor, más ardiente es el deseo de verlo, y cuanto más lejos huimos del Señor, más terrible es el pavor de encontrarlo. En cualquier caso, meditar en la muerte es útil. Al primero le hará crecer en el anhelo de ver el rostro de Dios y de amar desinteresadamente, y, para el segundo, será un fuerte acicate que le empuje a cambiar de conducta.

2. La muerte es impredecible. Podría sucederte esta noche. Podrías no despertarte. Podría pasarte sufriendo un accidente la próxima vez que cojas el coche. Podrías contraer un virus extraño que te lleve a una muerte repentina. Solo Dios sabe cuándo morirás y cómo. Pero, de nuevo, esto no debería llevarte a la angustia. Debería llevarte a cambiar. Ahora. Ahora mismo. Toma la decisión, de una vez por todas, de amar a Dios y a tu prójimo. Cuando meditas en lo impredecible que es la muerte, esos obstáculos para ser bueno que nos parecen aparentemente invencibles (tu miedo a hacer el ridículo, el apegamiento que tienes a hacer tus propios planes, los cálculos tacaños respecto al esfuerzo que quieres hacer), de repente, parecen triviales. La motivación que no podías encontrar antes, ahora surge de manera natural.
Pregúntate seriamente a ti mismo: Cuando Cristo fije su mirada en mí y me penetre hasta el tuétano de mis huesos, hasta lo más íntimo de mi ser, ¿estará contento con lo que ve? ¿Podrá gozarse en mí, por quien Él ha derramado su sangre? Si quieres presentarte ante Él de manera digna, con las vestiduras lavadas en la sangre del Cordero, con el traje para el banquete de boda, ámale con todo tu corazón, todas tus fuerzas, toda tu mente y ama a tu prójimo como a ti mismo. También ayuda el hacer una buena confesión. Meditar sobre el hecho de que la muerte es inevitable e impredecible, así como en el juicio particular, debería ayudarte a hacer todo esto. No tengas miedo a meditar sobre la muerte.