Libre como un buitre

Hay algo de encantador en el remontar de los buitres. Uno podría decir, incluso, que son bellos, con su enorme envergadura y sus interminables círculos. En realidad, la vida sin esfuerzo de un buitre es probablemente muy atractiva para muchos. Parecen muy libres. Lo único que tienen que hacer es volar alto y mantener sus ojos abiertos para encontrar alimento.
 
Pienso que muchos de nosotros imitamos la vida de los buitres sin darnos cuenta. Buscamos “la libertad”, libertad de compromisos y obligaciones, libertad de influencias exteriores y preocupaciones. Sin embargo, estos pájaros que parecen tener un vuelo precioso a través de las nubes, son tan feos como la muerte. Sostenidos por la muerte y saturados por el hedor de la muerte. Y lo mismo puede pasarnos a nosotros. Si vivimos buscando la absoluta libertad, podremos fácilmente confrontarnos con la muerte. Es un símbolo macabro que descubre una amarga verdad.
 
Parece una paradoja, ¿verdad? Pero, si lo piensas, la libertad, la capacidad que tienes para actuar de acuerdo a tu voluntad, no debería buscarse como un fin en sí misma. Si buscas el poder de tomar decisiones espontáneas como un fin en sí mismo, empezarás a rechazar cualquier cosa que parezca interferir ese poder: compromisos, obligaciones, reglas… Una vida de rechazo hacia todo lo que debería dar orden a tu vida no te llevará a la libertad, sino al caos. Es comprensible que un preadolescente plantee la espontaneidad pura como el criterio exclusivo para la toma de decisiones, aunque lamentable. Pero, cuando un joven adulto sigue actuando de esa manera, el problema es más serio. ¿Quién sería totalmente libre de acuerdo con esta concepción errónea de la libertad? Un hombre joven que nunca tiene que trabajar, porque ha recibido una enorme herencia, rechaza cualquier sentido de responsabilidad u obligación hacia los demás y hacia Dios. Él emplea su día preguntándose lo que desea hacer en cada momento, y entonces lo hace. No puedo imaginar una vida más asquerosa y vacía.
 
Porque Dios nos creó libres, el hombre tiene la capacidad de actuar de acuerdo a la voluntad de Dios y de razonar cuál es la decisión que debe tomar y por qué.  El fin de esta capacidad no es alcanzar el poder en sí mismo, como Nietzsche hubiera sugerido, sino usar tu voluntad para escoger los medios que te llevarán hacia el bien. No rechaces  los compromisos; haz buenos compromisos. No descartes las obligaciones; oblígate a ti mismo a hacer el bien. No huyas de las influencias; huye de las malas influencias. El remontar de los buitres es precioso, pero estos animales, cara a cara, son horrendos. Buscar la libertad absoluta para hacer lo que tú sientes o lo que tú quieres hacer no te llevará a más libertad, sino a la muerte: al caos, al sinsentido y al vacío. No intentes ser tan libre como un buitre. Usa tu libertad para escoger lo que es bueno. Usa tu libertad para ser bueno.