El mundo es oscuro e inerte

El mundo es oscuro y sin vida. Podemos verlo en los periódicos, podemos verlo en la televisión o incluso caminando por la calle. La depresión nunca ha estado tan extendida. El porcentaje de suicidios es más grande que nunca. La gente está aburrida y harta de la vida. El mundo es oscuro y inerte.

Después de observar esta realidad y antes de caer en la deseperación, deberíamos preguntarnos: "¿Por qué?".

Podríamos culpar a los medios de comunicación. Podríamos culpar al gobierno. Podríamos culpar a las empresas poderosas. Podríamos culpar a la masonería. Y, en parte, tendríamos razón. Pero también podríamos hacer algo más honesto y más útil. Honesto, porque es verdad, Jesucristo mismo lo insinuó; y útil porque, si lo tomamos en serio, podemos dar un rayo de luz y un toque de sabor a nuestro mundo.

En el caso de que tú no hayas adivinado de qué estoy hablando, lo diré más claramente: podríamos culparnos a nosotros mismos. "Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra" (Mt. 5, 18). Por lo tanto, si el mundo es oscuro e inerte, tú, miembro del cuerpo de Cristo, cooperador en la construcción del Reino de Dios, luz del mundo, sal de la tierra; tú, cristiano, despierta y ponte a trabajar.

Despierta y ponte a trabajar. Despierta a lo que tú eres y a lo que deberías ser. Eso se hace mediante la oración y meditando la Escritura. Ponte a trabajar de acuerdo con la vocación a la que Dios te ha llamado. Eso se hace abriendo completamente tu corazón al Señor y pidiendo a la Virgen que te ayude a responder como ella lo hizo. Cuando hayas hecho eso, no te quejes de que el mundo es oscuro y no tiene vida. Tú eres la luz del mundo. Tú eres la sal de la tierra. Antes de mirar a los otros para culparles, mírate a ti mismo.