El secreto de la moda

He descubierto el secreto de la moda. No solo el secreto de lo que debes usar para ir a la moda, sino también el indicador más acertado de qué es lo que estará de moda en, aproximadamente, cinco años. Es muy fácil y sorprendentemente preciso. Debo admitir, sin embargo, que es más fiable en verano; las tendencias del invierno son un poco más complicadas, por razones que serán obvias cuando os revele mi secreto.

En un primer momento, pensé en escribir este artículo sin revelar mi secreto, porque es un poco negativo y podría escandalizarte. Pero quiero decírtelo, porque creo que es verdad y que tienes derecho a saberlo.

El secreto es este: si quieres saber cuál será la moda dentro de cinco veranos, observa lo que las prostitutas están vistiendo actualmente. ¡Es una prueba infalible! Mi madre me contó este secreto, pues ella lo ha comprobado durante años. Algunas chicas de ahora se visten como las prostitutas de ayer. Voy a dar un ejemplo gráfico. Seamos honestos, no hay nada de bello en una mujer que usa pantalones cortos, tan cortos que se le ve todo. Siento tener que decirlo, pero aquello que vistieron las prostitutas unos años atrás, las jóvenes de ahora (después de ser bombardeadas sin parar por anuncios y propagandas) sienten la tentación de llevarlo también. Este secreto de moda tan desafortunado nos lleva a la siguiente conclusión: las “chicas buenas” de hoy visten como las prostitutas solían vestir hace 10 años, es decir, que sus pantalones cortos cubren solamente lo imprescindible. Muchas veces hay deseos de vestir de manera decente, pero las buenas intenciones se quedan a medio camino.

Te doy tres razones para hacer un mayor esfuerzo por vestir de manera modesta: 1) Dios habita en ti... o quiere hacerlo; 2) el problema del pecado; 3) piensa en el matrimonio.

1) Un santuario: Dios habita en ti… o quiere hacerlo. Si tú estás viviendo en gracia, tu cuerpo es templo de la Santísima Trinidad. Estás envuelta y penetrada por una dignidad incomprensible gracias a los méritos de Jesucristo. No meditamos lo suficiente en la sobrecogedora belleza y en el inmenso privilegio de esta presencia. Si tu alma se reviste de su dignidad, ¿por qué desvistes tu cuerpo? Si estás consagrada a Dios por el bautismo, ¿por qué exhibes tu cuerpo para que todos lo vean?
Eres templo de la Santísima Trinidad; todo lo que hagas; tus palabras, tus gestos, tus movimientos, la manera de vestir, deberían reflejar esa presencia. No tienes que usar una falda tan larga que cubra tus pies, no tienes que pegar tus ojos al suelo y no tienes que hablar con versículos de la Biblia. Sin embargo, tus pantalones cortos deberían cubrir más de lo imprescindible, tus miradas deberían ser puras y tus palabras deberían transmitir profundidad y verdad. Si esto no es así, hay una solución: ve a confesarte y pide perdón, te darás cuenta de que Cristo ha estado tocando a la puerta de tu alma, deseando habitar en ti otra vez. Él purificará tu corazón y tus miradas, si perseveras en tus esfuerzos de abrirte a su presencia.

2) El problema del pecado. Este es uno de los argumentos más comunes que las generaciones mayores han citado para animar a las jóvenes a vestir de manera decente: “Si no vistes de manera modesta, serás causa de pecado para los hombres”. Es una buena razón y es verdad, pienso que hasta quizá esa frase podría funcionar si no fuese por el uso de dos palabras casi incomprensibles, palabras que resultan ser la clave para descifrar esa frase tan corta: hombres y pecado. Hombres: porque una chica es precisamente eso, una chica, y normalmente no entiende la psicología y naturaleza de los hombres. (No voy a tratar de explicar la psicología de los hombres, porque seguramente me equivocaría, pero es suficiente decir que, generalmente, los hombres se dejan llevar por sus instintos sexuales más que las mujeres). Pecado: por desgracia, para nuestra generación, esa palabra suena siniestra e intimidante, además de antigua y vacía. Hace que la frase suene como las que siempre usan los padres: “Si vas a nadar con el estómago lleno, te hundirás” o, “Si te tragas la semilla de una cereza, te crecerá un cerezo en el estómago”.

Escuché una muy buena explicación de un párroco, en la homilía de la misa de domingo. Este es el resumen:

«Piensas que tu manera de vestir no es provocativa. Déjame decirte que tú no escuchas confesiones, pero yo sí. “Padre me acuso de…”, y dijo sus pecados. Mi respuesta fue: “Mira, debes tratar de evitar de ir a aquellos lugares donde sabes que las mujeres visten de manera provocativa”. Su respuesta me dejó asombrado: “Padre, ¿y qué pasa si el lugar del que le estoy hablando es la iglesia, los domingos?».

Puede que tu intención no sea tentar a los hombres, pero las consecuencias de tus decisiones no siempre dependen de tus intenciones. Es por eso que tienes que pensar mucho antes de decidir qué vestir. Te des o cuenta o no, la manera en la que te vistes puede tener consecuencias negativas en otros. Deberías querer ayudar a los chicos a ser puros, y lo harás si haces un esfuerzo por cubrirte y por animar a tus amigas a hacer lo mismo.

3) Piensa en el matrimonio. Una última razón para vestir decentemente -esto es para las mujeres que tienen vocación al matrimonio-, es que, si te vistes con modestia, atraerás hombres decentes. Si no, distraerás a los hombres decentes y atraerás los indecentes. Estoy segura de que no soy la única que ha escuchado este comentario: “Me encantaría salir con esta chica, pero nunca me casaría con ella”. No quiero hablar de las actitudes tan pobres de los hombres que dicen tales cosas, sino solo señalar que el hecho de que atraigas la mirada de un chico, no asegura que ganes su corazón.