Feministas antifemeninas

Nunca he entendido muy bien porque las feministas modernas* eligen la terminología que eligen para referirse a sí mismas. El sufijo “-ista”, cuando se refiere a una ideología o filosofía que una persona profesa regularmente, nos da a entender que esa persona valora o quiere resaltar el sustantivo usado como la raíz de la palabra. Por ejemplo, alguien que se llama a sí mismo "humanista" da importancia primordial al valor y bondad de los seres humanos. Un "marxista" está convencido de que las teorías de Marx deberían ser aplicadas para impartir justicia en el mundo. Sin embargo, en el caso de las "feministas", ha sucedido algo raro. Las "feministas", en realidad, no exaltan el género femenino, como podríamos razonablemente suponer, sino que exaltan el género masculino: para que una mujer pueda “realizarse” a sí misma, debe actuar más como un hombre. La meta que tienen que esforzarse en alcanzar es la virilidad, no en el aspecto físico, sino en el social y emocional. Todo aquello que en el curso de la historia (hasta el siglo pasado) era algo adecuado para la mujer, ahora resulta que la oprime, la retiene y la aplasta como ser humano. ¿Por qué las mujeres tienen que imitar la figura clásica del hombre para realizarse? ¿Por qué las mujeres tienen que ser como hombres para realizarse como mujeres?

La respuesta es difícil. ¿Es acaso un complejo de inferioridad? Quizás piensan que los hombres son mejores que las mujeres y que, entonces, las mujeres tienen que esforzarse en ser hombres. ¿Es un deseo obsesivo de poder que ha atormentado al hombre y a la mujer desde la caída? Los hombres tienen el poder, por lo tanto, las mujeres deben quitárselo todo de las manos. ¿Es un plan para destruir la familia? Si las mujeres se dedican solamente a ganar dinero, estarán menos preocupadas de cuidar a sus familias. ¿O es una mezcla de todas estas cosas? Probablemente. Sería interesante estudiar las razones, pero no es lo que me interesa ahora.

Cuando leí lo que la Iglesia tenía que decir acerca de este tema, me di cuenta de la belleza de la doctrina católica. No se trata de blanco o de negro. Esto la hace enriquecedora, pero también muy complicada. Déjame explicarme. La doctrina católica no es blanca ni negra porque no está de acuerdo con las feministas modernas (las mujeres tienen que ser como hombres para ser felices), ni con algunos protestantes (es un pecado que la mujer trabaje fuera de casa). Desgraciadamente, muchos católicos son también extremistas en una dirección u otra (tanto en este tema como otros). Las mujeres, o tienen la vocación de ser hombres (y si es así, ¿por qué tener hijos?), o tienen la vocación de ser amas de casa (y si es así, ¿por qué pagar la matrícula universitaria?). Es importante encontrar un equilibrio.

Voy a hablar un poco más acerca del tema del “trabajo”. Una mujer no necesita trabajar en el mundo para realizarse. Sin embargo, hay muchas buenas razones que pueden llevar a una mujer a hacerlo: si es laica consagrada que vive en el mundo, si no sabe aún cuál es su vocación, si es madre de familia y están pasando por apuros económicos, si es madre soltera, si su esposo está en el paro, si no puede tener hijos, si sus hijos son mayores y ya pueden mantenerse solos... y la lista sigue. Hay también algunos trabajos cuyos horarios se acoplan mejor al ritmo de la vida familiar, y muchas madres ven esos trabajos como una vocación y una oportunidad de apostolado.

Entonces, ¿qué es lo que dice exactamente la Iglesia católica? Las mujeres tienen derecho a ejercer una profesión con igual dignidad a la de los hombres en nuestra sociedad (Carta del Papa Juan Pablo II a las mujeres, n. 4). Y ambos, hombre y mujer, deben participar en la educación de sus hijos (Gravissimum educationis, n. 3). Sin embargo, la contribución maternal para esa educación es esencial y decisiva para los hijos y para la familia (Mulieris dignitatem, n. 18). El verdadero desarrollo de la mujer exige que su vocación como madre y educadora de sus hijos sea claramente reconocida en todo su valor y dignidad (Familiaris consortio, n. 23). Como mencioné anteriormente, la Iglesia no es fundamentalista, no hay nada de rigidez en estas frases. La Iglesia reconoce el rol crítico de una madre en la vida de sus hijos. Tanto si la madre se queda en casa como si sale a trabajar, debe hacerlo movida por el amor, no por un complejo de inferioridad, ni por una obsesión de “éxito personal”, ni por un deseo de tener dinero suficiente para satisfacer todos los caprichos de sus hijos (o los suyos propios).

Esto es algo sobre lo que pueden reflexionar las mujeres jóvenes: Si estás llamada al matrimonio, ¿te disgusta la idea de quedarte en casa y cuidar a tus hijos mientras tu esposo va a trabajar? ¿Te sientes insegura al tener que depender económicamente de tu esposo? ¿Te asusta lo que puedan decir tus amigos si les dices que eres ama de casa? Si es así, las feministas antifemeninas te han convencido. Si Dios bendice tu matrimonio con hijos, plantéate seriamente el dedicarte por entero a su desarrollo humano y espiritual. La decisión de trabajar o no, o de cuándo trabajar, tienes que tomarla buscando siempre el bien de tu familia, en diálogo con Dios y con los tuyos. Medita sobre la dignidad y la belleza de la vocación a la maternidad.

*He escrito solamente sobre las feministas modernas. Algunas feministas han luchado legítimamente por los derechos de la mujer.

 


Hna.KristinM AltoyClaro

Me llamo Hna. Kristin María de Jesús y de la Virgen Inmaculada. Estaba perfectamente contenta en mi pequeña burbuja idílica llamada Naples, en Florida (Estados Unidos), cuando conocí a las Siervas del Hogar de la Madre, que abrieron mi corazón a verdades tan intensas y tan hermosas que lo que pensé que era realidad, de repente, desvaneció, y vi más allá. Me presentaron a la persona de Jesucristo, que me atrajo tanto a Sí mismo que ya no podía imaginar pertenecer a nadie más que a Él. Después de dar vueltas y vueltas, sopesar y discernir, caer y levantarme, Dios me dio la fuerza para dejar atrás mis sueños de prestigio académico y seguirle en el estrecho camino de la humildad y de la pobreza. Desde entonces, he estado viviendo en España e Italia, completando mi formación, enseñando catequesis, estudiando Teología y escribiendo este blog.