Complejo por la verdad

Muchos católicos sufren de lo que yo llamaría complejo por la verdad. Se avergüenzan de decir que la plenitud de la verdad se encuentra en Jesucristo. Algunos síntomas de este complejo son: evadir las oportunidades de dar testimonio de la fe, vacilar al tener que defender la doctrina de la Iglesia católica cuando alguien la ridiculiza o se burla, estar convencido de que la fe católica se debe vivir en privado. Y las causas principales del complejo por la verdad en los católicos son: la falta de fe, provocada por teorías relativistas, o una falsa interpretación del ecumenismo y de la tolerancia.

Si queremos reflexionar sobre teorías relativistas, probablemente deberíamos empezar por lo más básico, como en todo. La mayor parte de la gente está de acuerdo con que hay una respuesta exacta en lo que se refiere a la realidad material: el agua contiene hidrógeno y oxígeno; dos más dos son cuatro; la silla en la que estás sentado existe -si no fuese así, te caerías-.

Lo mismo puede decirse de la realidad espiritual… No de tu experiencia personal de espiritualidad, sino de la realidad espiritual en sí misma. Tú puedes experimentar que Dios existe, o no; puedes experimentar unas veces su presencia y otras veces su ausencia. Al margen de tus experiencias personales, Dios existe o no existe. Pasa igual con otras realidades espirituales: cuando mueras, todo tu ser se extinguirá y tu cuerpo permanecerá en la tumba, o no. Tu vida tiene sentido en sí misma, o no lo tiene. Después de la muerte, no puede ser cierto que pasará algo y, al mismo tiempo, que no pasará nada. No puede ser cierto que te reencarnarás y, al mismo tiempo, que irás al cielo o al infierno.

Hay muchas verdades que son subjetivas y cambiables, pero no todas. Nuestra forma de experimentar las realidades espirituales puede ser diferente (incluso dentro de la misma Iglesia católica hay miles de movimientos y espiritualidades que experimentan el catolicismo de formas diferentes), pero, a pesar de ello, hay una serie de verdades fundamentales que no cambian, independientemente de lo que nosotros pensemos respecto a ellas.

Si hablamos de ecumenismo y tolerancia, ¿por qué no buscar en la doctrina de la Iglesia católica para encontrar la respuesta? Una de las “pruebas” clásicas de que la fe católica es creíble es la sublime naturaleza de su doctrina. La excelsa belleza y la sublimidad de la respuesta católica tienen su raíz en su concepto del amor.

Dios mismo se hizo carne para enseñarnos a amar, a amar hasta la muerte, hasta la cruz. El amor que se nos pide tener los unos por los otros es mucho más que “tolerarnos” o “soportarnos”. Si tu fe está verdaderamente fundada en la doctrina católica, en la medida en que se haga más fuerte, más universal será tu amor: amor sin prejuicios, sin discriminaciones, sean cuales sean las creencias que los demás elijan profesar. Esa fe profunda te llevará a ver las “semillas” de verdad y de belleza que se pueden encontrar en las diferentes religiones.

Para los católicos no tiene sentido acomplejarse por la verdad ni avergonzarse de reconocer que la plenitud de la verdad se encuentra en Jesucristo, el cual fundó la Iglesia católica. En la encíclica “Lumen Fidei”, el Santo Padre señala que vivir conforme a la fe católica no significa exactamente poseer la verdad. La verdad me posee, me envuelve… y eso me debería llevar a la humildad, no al orgullo. Si has entendido lo que significa realmente ser católico, no tendría que haber nada ofensivo (para los otros) ni vergonzoso (para ti) respecto a la creencia en la verdad de la fe católica y al testimonio de la misma.