¿Para qué sirve la conciencia?

Realmente, es bastante sencillo. Es algo así como el instrumento que Dios usa para hablar contigo... y Él lo usa continuamente. Tienes una duda y en algún lugar en lo profundo de ti, si estás preparado para escuchar, conocerás la respuesta. ¿Estupendo, verdad? Es un conocimiento profundo y algunas veces un poco escondido, pero allí está.

Sin embargo, para que funcione, tienes que saber cómo usar este instrumento que es la conciencia. Es muy importante que, después de preguntar algo a tu conciencia, no la acalles. Sabes que estás acallando tu conciencia cuando dices (o piensas) cosas como: "Bueno, venga ya, no es tan malo...", "No hago daño a nadie...", "Nadie me ve...",  o argumentos similares. Cuando alguien ignora su conciencia repetidamente y la acalla con excusas interminables, llegará a no escucharla. Esto es una tragedia y un gran peligro porque poco a poco se vuelve capaz de cosas horribles.

Y, entonces, ¿si se hace una pregunta y no hay respuesta, qué? No te preocupes. Algunas personas tienen una percepción de su conciencia mayor que otras. Pienso que la percepción de una conciencia está condicionada por dos factores: en primer lugar, por el porcentaje de veces que has prestado atención a tu conciencia y has tomado la mejor opción, y en segundo lugar, por la formación recibida (aparte de esos factores, Dios puede conceder las gracias que quiera cuando Él quiera). Así que si no hay respuesta, deberías hacer dos cosas: limpiar tu conciencia (borrar los anteriores rechazos a los consejos de la conciencia), y formar tu conciencia para entender mejor lo que está bien y lo que está mal. Para limpiar tu conciencia, el mejor método es encontrar un "limpiador de conciencia", es decir, un sacerdote. La limpieza de la conciencia se conoce comúnmente como confesión, y es una "super estrategia" porque es sobrenatural: Dios te perdona a través del sacerdote, y quedas con una conciencia limpia. Para formar tu conciencia, el mejor método es encontrar un formador de conciencia, es decir, un sacerdote, un religioso/a o un laico que viva fuertemente su vida espiritual y esté bien formado en la doctrina católica, y que le pidas que sea tu "director espiritual".

El mejor modo para comenzar con estos métodos (y yo sugiero los dos), consiste simplemente en ir a tu parroquia, explicar que tienes una conciencia incompetente y expresar tu deseo de encontrar un sacerdote y un director espiritual. No te dé vergüenza. Es algo normal. Alguien sabrá cómo ayudarte.

Pero un aviso más.  Asegúrate de que tu orgullo no se cruce en tu camino cuando tu conciencia está intentando aprender. El orgullo es algo que en la mayoría de nosotros está continuamente trabajando contra nuestra conciencia. Tu orgullo te dirá: “¿Por qué tienes que escuchar a este perdedor? ¿Qué puede decirte que no puedas descubrir por ti mismo? Venga, tú eres inteligente. Afronta tú mismo los problemas.”  Si te descubres a ti mismo diciendo estas cosas, deberías preocuparte. Es un signo claro de orgullo. No te levantes y des la espalda a tu formador/limpiador de conciencia. El deseo de hacerlo es un ejemplo de lo que se llama tentación. Las tentaciones deben ser rechazadas inmediatamente, siempre. Ignora tales pensamientos y escucha a tu limpiador/formador de conciencia atentamente.

Ahora ya sabes cómo hablar a tu conciencia, o al menos cómo empezar.  Puedes hacerlo en todo momento. Cuanto más practiques, más fácil. Y si siempre dices sí a tu conciencia, algo asombroso puede ocurrir. Puedes estar tan en sintonía con los movimientos interiores que escucharás los susurros del Espíritu Santo...